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15 de abril de 2011

Nuevas formas de comunicación

Como dice Marx en su paradigma crítico del conflicto, la sociedad es dinámica y está en continuo cambio. Las nuevas tecnologías que van apareciendo en el mercado, y que permiten la comunicación entre estas sociedades, también sufren cambios a los que esta sociedad se va adaptando. Pero, ¿toda la sociedad se puede permitir la obtención de estas tecnologías? Si no es así, ¿sufren algún tipo de discriminación al no poder comunicarse?
Me voy a centrar en la telefonía móvil. Hace menos de un año un gran número de la población empezó a hacer uso de terminales con aplicaciones que permitían comunicarse en cualquier momento de forma ”gratuita” a través de mensajes de texto sin límites de caracteres, acompañados de audio, foto y video. Pero esta aplicación “gratuita” para que sea efectiva en todo momento tiene que ir acompañada de una tarifa de datos que no suele bajar de los 15€ mensuales, sin contar con llamadas y SMS que no están incorporados en esta tarifa. ¿Todo el mundo se puede permitir pagar una cantidad mínima de entre 15 y 40 €, además de comprarse un teléfono que permita instalar estas aplicaciones, los cuales suelen ser de gama alta? En mi opinión, cada vez más se está perdiendo la comunicación tradicional y se estila este tipo de mensajería que va acompañada de un gasto que no todo el mundo se puede permitir. Esto hace que las personas que no pueden acceder a tener estos programas queden muchas veces incomunicadas sintiéndose desiguales.

Por tanto, vemos, que las nuevas tecnologías están relacionadas con las estructuras sociales. Marx podría diferenciar a estas sociedades por términos económicos mientras que Weber haría una diferenciación según las desigualdades como por ejemplo de estatus en las que clasificaría a la sociedad según el tipo de personas que por cuestión de tener estas aplicaciones pertenecer a un mismo círculo social, y las que no.


David Anadón Mateo
TULPENKOPF

21 de marzo de 2011

¿Cultura y educación TIC?

El perfil de una persona se basa en el conocimiento, la motivación y el contexto cultural y educacional del individuo. Es en este último factor donde me gustaría realizar un punto de inflexión y reflexión ya que en la actualidad el acceso a la información, a la cultura o al aprendizaje es cada vez más dependiente de las llamadas tecnologías de la información y la comunicación (TIC a partir de ahora). Estas nuevas tecnologías tienen efectos secundarios en el sistema de la sociedad porque llegan a segmentar y agrandar más las distancias que separan a los diferentes sectores en su desarrollo tecnológico. Si ahora a la cultura y al aprendizaje se accede a través de las TIC, y a estas por medio de la capacidad económico-adquisitiva, parece sencillo pensar que no todos los individuos tienen el mismo acceso a cultura y aprendizaje. Podríamos hablar de un analfabetismo de algunos sectores en tanto que la tecnología se convierte en vehículo imprescindible para evitarlo así como imprescindible parece también la necesidad de establecer medidas que faciliten el acceso.

Es un debate que lleva mucho tiempo abierto. Tecnología: aprender y cultivarnos, ¿con ella o sin ella?. Las ventajas son evidentes, y el universo que una herramienta tan inmensa como Internet abre ante nosotros no tiene límites. Dicha discusión surge porque precisamente en algunos casos esos límites aparecen para el acceso a esta tecnología. No hay que olvidar que la tecnología como herramienta supone un gasto y son los sectores más desfavorecidos de la sociedad los que no tienen acceso a las TIC. Se supone que un Estado democrático también debe estar basado en la igualdad de oportunidades, sean estas basadas en el derecho al trabajo, al hogar o en el tema que me ocupa, compensando las desigualdades que puedan surgir en el acceso a no a las nuevas tecnologías de la información. Todos deberíamos tener las mismas oportunidades en algo tan importante como la educación o la cultura.

Aunque en la actualidad las TIC no son desconocidas para la mayoría de nosotros, debemos reflexionar y plantearnos sus límites. ¿Continuará está alfabetización tecnológica? ¿Hacemos bien en integrar la tecnología a la cultura o a la educación? ¿Surgirán nuevas desigualdades entre distintos grupos de la sociedad por el acceso o no a las nuevas tecnologías de la información?. Tiempo al tiempo.



Pablo San Juan Saralegui